martes, 1 de abril de 2014

Ajustes y ajustes. En democracia




Esta de moda hoy hablar de ajuste ortodoxo o heterodoxo para explicar las medidas que el gobierno denomina, para zafar del término maldito, “ sintonía fina”.
La palabra ajuste  puede expresar algo necesario como ajustar la sintonía de un dial o algo horrible como bajarle el 13% a los sueldos es el centro de un debate que debe mirarse en perspectiva histórica.
Es evidente que uno cambia o ajusta los parámetros en que desarrolla su vida según cada momento. No es lo mismo si tengo mucho trabajo que poco, si vendo mucho que poco, si el mundo esta pum para arriba o si esta pum para abajo, o si, directamente, esta pum.pum. Seguir haciendo las cosas o mirando la realidad como si estuviera congelada, mirar la foto y no la película, es tener anteojeras.
La globalización, esa mutación del capitalismo a escala global que se dió en las últimas décadas del siglo XX. Con el fin del ciclo fordista de producción, que sustentó la " felicidad" de la posguerra y estaba en la matriz de la idea de desarrollo, se dio paso a un nuevo sistema sustentado en el avance tecnológico en las telecomunicaciones y la informatica que permitió un nuevo ciclo el toyotismo o just in time, la deslocalización fabril, a partir de la transnacionalización de las actividades económicas, es decir el debilitamiento de los Estados y sus obreros, para finalmente transformar el mundo en esclavo del capiatl financiero. Todo esto ha penetrado y transformado las estructuras económicas políticas y sociales de cada uno de los Estados nacionales.
La democracia argentina recuperada en 1983 nació encorsetada por la deuda externa, los limites que la corporación militar le imponía y los limites que la corporación sindical generó en su desesperación por no ser el único sector que pagara estos cambios mundiales y que habían transformado vía plata dulce e importaciones irrestrictas la realidad productiva del país.
En 1983, la deuda externa (heredada del régimen militar) ascendía a 45.000 millones de dólares y la inflación del año fue del 430%. Bajo estas durísimas condiciones a fines de 1983 asumió Alfonsin, de quien ayer se recordó el qunto año de su fallecimiento. Hacia fines de 1984, la inflación  llegó casi al 700%. El dólar pasó de 30 a 200 pesos. Acorralado en su intento por aplicar una política de tipo populista, a fines de 1984, el gobierno concretó un nuevo acuerdo con el FMI que presuponía derivar un elevado porcentaje del ingreso nacional para el pago de intereses de la deuda. Al comenzar el año 1985 Juan V. Sorrouille, es designado Ministro de Economía la inflación alcanzó al 30% mensual y la desocupación al 4.5%. El 14 de junio de 1985, el ministro Sorrouille anunció el “Plan Austral”, proponía un tratamiento de shock: el Banco Central cesaba de emitir moneda para financiar el déficit fiscal. Se creaba un nuevo signo monetario, el “austral”, que valía 1000 pesos argentinos y se fijaba así una nueva paridad con cada dólar (a 0.80). Se aplicaba un desagio a los contratos, para eliminar la indexación prevista y se congelaban precios y salarios, luego de un aumento previo del 22%5. Se impone  con éxito ya que es acompañado por la opinión pública: la inflación baja del 30% mensual al 2% y se produce una reactivación del consumo. Como contrapartida, a pesar de la caída de la inflación, el poder adquisitivo de los salarios baja un 21%.Alfonsín anunció que se estudiaría una “Reforma del Estado”
En 1986, establece “flexibilizaciones” al plan: con un aumento controlado de tarifas y tipo de cambio, otorgando incrementos salariales. Como consecuencias de ello se produjo entonces un rebrote inflacionario: en julio, la inflación aumenta un 8.8% y el dólar vale 1.02 australes. A fines de ese año, la inflación alcanza el 80%, y las exportaciones caen notablemente. En 1987, la Argentina integra con Brasil y México el “grupo de los tres mayores deudores” para tratar en común el grave problema de la deuda externa. Lo que provoca la reacción de EEUU y rápidamente acuerdan con Mexico dejando a la Argentian solita. Para profundizar las medidas económicas se creó un “Consejo Empresario Asesor”, los capitanes de la industria, al tiempo que se anuncian privatizaciones y desregulaciones de empresas y servicios públicos. La inflación anual era entonces del 170%. Debido a la grave crisis quedaban solamente 500 millones de dólares como saldo del comercio exterior, lo cual generaba un agotamiento de las reservas del Estado.
El gobierno intentó un nuevo plan económico: el “Plan Primavera” (agosto de 1988), que trató de lograr un acuerdo con el sector empresario para estabilizar los precios. La CGT lanzó en contra de este plan el duodécimo paro general. Todos sabemos cómo terminó eso, el sector empresario contesto con el bolsillo y terminamos en la hiperinflación.
De allí en más Bunge y Born primero y luego el departamento de Estado dijeron quienes serían nuestros ministros. La primer confiscación abierta de ahorros, un antecedente del corralito también fue pergeñada por Domingo Cavallo, aunque el no la aplicó, sino Erman Gonzalez, fue el “Plan Bonex.  
En enero de 1990, como el 8 de diciembre del 2001, se sorprendió a la población al transferir los depósitos en los bancos a certificados bancarios con intereses a títulos a diez años, confiscando en la práctica los ahorros de la clase media (el “Plan Bonex”).
A ese plan lo siguió al año siguiente el “Plan de Convertibilidad”, ¿se acuerdan 1 peso 1 dólar?, ambos permitieron acordar el “Plan Brady” en marzo de 1992. ¿En qué consistió el Plan Brady? En primer término, debemos tener en cuenta para su análisis que, dentro de la elevadísima deuda externa,  el gobierno argentino le debía a los bancos comerciales 30.954 millones de dólares, de los cuales 7.880 millones correspondían a intereses vencidos. El 30 de enero de 1992, en Nueva York, el entonces Ministro de Economía Domingo Felipe Cavallo, le proponía al comité de bancos acreedores, pagar dicha deuda con bonos. Esta propuesta ya tenía el visto bueno del Fondo Monetario Internacional. La oferta argentina tuvo la forma de un menú integrado por varias alternativas, de las cuales el banco acreedor elegiría la más conveniente a sus intereses. ¿Cuándo no?. Este acuerdo convirtió al Plan Brady en un mecanismo de “refinanciación” más que de “reducción” de la deuda. ¿Quiénes se beneficiaron con el Plan Brady? Todos aquellos que pudieron aprovechar la mayor oferta de créditos externos (los bancos, tenedores de bonos y los intermediarios).Otro dato es que para pagar se entregaron las empresas públicas; el gobierno no midió las consecuencias sociales de estas políticas, que dejaron gran cantidad de empleados públicos sin su fuente natural de ocupación, quedando al margen del sistema laboral. Recordemos en Chubut Comodoro e YPF.
Completando la acción el gobierno de Menem encaró un severo ajuste fiscal , dispuso la Reforma del Estado y de Emergencia Económica, se supendian todos los juicios que se tuvieran por cobro de dinero contra la Administración Pública Nacional, entidades autárquicas, empresas y organismos del Estado. La suspensión de los pagos y los juicios se prorrogó hasta el 23 de agosto de 1991, fecha en que se dictó la Ley de Consolidación de la Deuda Pública. Es decir seguridad jurídica para los acreedores externos, jamás para los argentinos.
La última experiencia de ajuste feroz también, como en el menemismo, se dio en un lapso prolongado, empezó con el megacanje y la reducción de los salarios y jubilaciones y termino con la segunda confiscación de los ahorros 10 años después del Bonex y con el mismo inteligente intelectual que cada vez que se le quemaban los papeles le sacaba la guita a la gente, Cavallo. Lo curioso es que hay mucha de esa gente que aún lo escucha. Vale la pena ver a Redrado, Melconían en los videos de aquella época tratándolo como un dios.
Hoy también, jaqueado por los beneficiarios de los cambios mundiales, empresarios trasnacionales, dueños de commodities , banqueros y, obvio, por los sindicatos que no quieren ser los patos de la boda,  en el marco de una recesión mundial que los países centrales quieren hacer pagar a la periferia, el gobierno aplica medidas de ajuste de su economía, que intenta que no recaigan exclusivamente en los sectores más desprotegidos, basta ver y comparar las recomposiciones salariales del Austral y las actuales y la inflación del Austral y la actual. En la capacidad que tenga para sortear con mano propia este momento y nuestra buena memoria,  dependerá de su suerte y la nuestra. Porque la alternativa es volver al Departamento de Estado vía Massa y a la versión linda de Cavallo vía Redrado o peor aún algún fantasma que salga de ese cocoliche que llaman “UNEN”.
Rusvi Tahan

1 comentario:

Oscar Caram dijo...

Lamento no tener discrepancias. El ironismo histórico me impide decir que es una excelente reseña. Pero lo es.

Oscar